Cincuenta años han pasado desde mi entrada como postulante en Santa Cruz el 16 de agosto 1958 en la casa del Noviciado de las Hermanas de Santa Cruz en mi propia ciudad.
Podríamos decir que siempre he conocido a las Hermanas de Santa Cruz y me sentí atraída por su ejemplo, de dar mi vida a Dios como ellas.
“Porque tú, Señor, eres mi esperanza y mi seguridad desde mi juventud. En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre; desde el seno materno fuiste mi protector”. Salmo 70, 5-6.
Esta esperanza fue nutrida en mi familia por mis padres quienes guardaban la práctica de la fe católica como centro de la vida en nuestro hogar.
Nací el 22 de abril 1942 en Manchester, New Hampshire, EE.UU. Soy la segunda de cinco hermanos. Mis padres Henry y Pauline Gravel me bautizaron el día después de mi nacimiento en la iglesia San Agustín, una parroquia donde vivía una comunidad de Hermanas de Santa Cruz. A los dos años mis padres compraron una casa en la parroquia vecina, San Antonio de Padua. Éste tenía un colegio dirigido por las Hermanas de Santa Cruz. Recibí toda mi instrucción formal allí, hasta la secundaria. Más adelante como Hermana de Santa Cruz estudié en nuestra universidad para lograr un licenciado en Letras en Educación.
Enseñé durante 18 años en varios colegios dirigidos por las Hermanas de Santa Cruz, calado del espíritu de nuestro fundador Beato Basilio Moreau, de siempre tener cariño y atención especial por los más necesitados. Fue justo a un momento en mi vida cuando sentí un fuego dentro de mí, como dice las letras de una canción: ¿Cómo escapar de Ti, cómo no hablar si tu voz me quema dentro?, que Dios por intermedio de la hermana Jeanne Dusseault, la superiora general de aquel momento, me invitó a ir con tres compañeras para empezar una nueva misión en Malí, África respondiendo al pedido del obispo del Diócesis de Sikasso.
Malí es un país donde la mayoría de las personas son musulmanas. Un pequeño porcentaje todavía practica las religiones tradicionales y donde solamente el 1% son cristianos. Nos esperaba un trabajo de primera evangelización. De la sala de clase al campo de África sembrando el mensaje de Jesús. Las sorpresas de Dios!

Nuestra casa estaba en un pueblito a más o menos 100 kilómetros de la ciudad. Nuestra “parroquia” tenía a su cargo más que cien pueblitos. Todo un campo para caminar con la gente muy sencilla, para hablar del “camino de Jesús” como se decía allá. “¿Cómo no hablar si tu voz me quema dentro?”. Fuimos sembradores como dice Pablo a los Corintios: “Yo planté, Apolo regó, pero el que hizo crecer fue Dios.” 1Cor.3,6.
Toda una experiencia enriquecedora a muchos niveles y también un tiempo de grandes desafíos y pruebas. Cómo estaba creciendo la Palabra de Dios en los corazones de la gente de este campo. Al mismo tiempo mi propio corazón fue evangelizado por la gente, quienes fueron mis profesores.
Después de 12 años, en 1992, teniendo problemas de salud a causa de la malaria yo pedí un tiempo de descanso y pasé un año de renovación en Canadá. Al final de este año yo acepté el no continuar en Malí.
Regresando a los EE.UU, estudié un tiempo, pero siempre tenía el deseo de trabajar con los más pobres y necesitados. Encontré esta oportunidad enseñando inglés a los inmigrantes, en un colegio estatal de un sector pobre en nuestra ciudad de Manchester. Fue un trabajo gratificante con niños y jóvenes muy cariñosos a pesar de sus desafíos de adaptación en un nuevo país.
Yo puedo decir que fue a través de ellos, especialmente los hispanohablantes, que se despertó otra vez este deseo de servir más allá de mis fronteras. Es por eso que desde septiembre 2004 estoy aquí en el Perú al lado de mis compañeras peruanas y de otras nacionalidades, sirviendo a pueblo de Dios en lo que Dios me indica.
Como siempre, Dios nos espera con sorpresas y gracias y esta vez fue el llamado de Dios para trabajar en las cárceles. Por medio de una de mis hermanas, Dios me interpeló como a Pedro en el evangelio de Juan 21,15-17. ..”Simón Pedro, ¿Me amas?....”Cuida a mis ovejas”. Después de tres veces yo también reconocí que Dios me llamaba a arriesgar en algo nuevo para compartir mi fe y amor con mis hermanos y hermanas encarcelados.
Quiero terminar con las letras de una canción en inglés titulada: Tú y Yo.
Hace tantos años que Tú y Yo hemos empezado nuestro caminar.
A través de todos estos años juntos hemos sobrellevado todo.
Tú has endulzado todas mis alegrías;
Tú me has consolado en mi dolor,
Tan lejos hemos llegado, pero aún estamos empezando.
(You & I: Music and Lyrics by Kathy Sherman,CSJ) |