Soy
una canadiense de la provincia de Québec, muy orgullosa de
mi cultura e idioma franceses. He crecido en un pueblito escondido
en las montañas de Las Laurentides, en donde surge un bonito
lago a cada kilómetro cuadrado. La casa de mi familia está
ubicada a cinco metros de un lago verde. Durante mi niñez
y juventud, tenía la suerte de ir a nadar 2 ó 3 veces
al día durante el verano.
El deseo de
consagrar mi vida a Dios nació con el testimonio de mi mamá
y de las cuatro hermanas CSC que enseñaban en el pequeño
colegio primario de Lac-du-Cerf.
Cuando continué
mis estudios para ser profesora, mi vocación fue solidificándose.
Mirando a las hermanas de Santa Cruz, yo las veía inteligentes,
felices y educadoras y quería ser como ellas. Entré
a la Congregación cumpliendo mis 19 años.
Voy a evocar
aquí cuatro momentos importantes de mi vida en Santa Cruz: |